Impulsando la fotografía española más allá de nuestros límites
En septiembre de dos mil once se constituyó la Asociación Española de Fotoperiodismo con el simple propósito de especializarse en el estudio gráfico-social del siglo XXI.
En aquel momento eran sólo tres: dos fotógrafos y una estudiante que se equivocó de camino. Una agremiación de idiosincrasias que, lejos de existir para satisfacer las necesidades de los periódicos, principalmente a aquellos de edición diaria, se esforzaba en definirse como un espacio para la libertad discursiva en España; no sólo se ocuparían de apoyar material y logísticamente a los fotógrafos miembros en la producción de sus reportajes, sino que también velarían por la correcta perpetuación del significado de estos en los medios que decidieran publicarlos.
A pesar de las tentativas de ponerse al servicio de los fotógrafos y permanecer como un «perro guía» para aquellos profesionales que iniciaban sus carreras sin saber cómo ni por dónde, se establecieron como un puente de unión entre las muy diversas individualidades que por muchos rincones de la geografía española salían a la luz.

Fue, sin embargo, su gran interés por allanar el camino hacia la profesionalización de sus miembros más válidos, lo que la transformó, tal vez, en la única asociación española sin ánimo de lucro que funcionaría como una cooperativa de fotógrafos, convirtiéndose en los guardaespaldas de toda esa generación tras adoptar esta estructura.